miércoles, 22 de abril de 2009

AGUSTINA DE ARAGÓN

Una de las heroínas de los Sitios de la ciudad de Zaragoza en 1808 y 1809 más famosa, es también una de las personas que sobre su vida más versiones existen, siendo conocida casi en exclusiva por su acción como artillera en la batería de El Portillo durante el primer Sitio, imagen que ha sido ampliamente utilizada y deformada con distintas finalidades durante el siglo XIX y, sobre todo, en gran parte del siglo XX. Agustina Raimunda Zaragoza y Doménech, su nombre verdadero, pero más conocida en Aragón y España como Agustina de Aragón, nació en la ciudad de Barcelona el 4 de marzo de 1786, aunque otras fuentes citan que nació en Reus (Cataluña). Sus padres, Pedro Juan Francisco Ramón Saragossa Labastida y Raimunda Doménech Gasull, se habían casado el 8 de agosto de 1772, siendo leridanos, naturales del pueblo de Fulleda.
La vida privada de Agustina Zaragoza ha sido objeto de múltiples interpretaciones, con variadas versiones sobre sus diversos matrimonios. Agustina contrajo matrimonio el 16 de abril de 1803 con un joven, Juan Roca Vilaseca, natural de Masanet de Cabrenys, del partido judicial de Figueras, y a la sazón Cabo 2º del Primer Regimiento del Real Cuerpo de Artillería, destinado en la guarnición de Barcelona. Otras versiones sobre su primer matrimonio dicen que se casó con un oficial profesional, llamado José Carratalá, y con quien debió de vivir en Palma de Mallorca,donde estaba destinado. Agustina y su marido llegaron a Zaragoza cuando ya había comenzado la guerra contra los franceses, alojándose en la casa de unos familiares, participando activamente en la defensa del convento de Jerusalén. Será durante las primeras jornadas del primer Sitio de Zaragoza cuando se dio por desaparecido a su marido, versión que contradice incluso algunos informes oficiales de la época, contrayendo Agustina nuevo matrimonio el 1 de julio de 1808 con otro militar, el capitán Luis de Talarbe (aunque algunas fuentes dicen que este era el primer marido, mientras que otras biografías ni siquiera lo citan). La leyenda de la época romántica decía que apareció vivo su primer marido, con el cual había tenido un hijo, adoptando Agustina la decisión de no convivir con ninguno de los dos. Poco después, se dice, murió el primer marido y emigrado a América el segundo, de quien no se vuelven a tener noticias, contrajo nuevo matrimonio. Versiones que son más bien producto de una escasa investigación y de la manipulación que la literatura romántica hizo de los héroes de los Sitios de Zaragoza.
Continuando con la historia de Agustina, volvemos a los días en los cuales la ciudad se encontraba sitiada por las tropas francesas. El dos de julio de 1808, el general francés Verdier consideró que la ciudad, después de casi dos días de incesante bombardeo, debía de tener sus débiles defensas arruinadas y no debían de ser ningún obstáculo para sus entrenadas tropas. Para el asalto se prepararon seis columnas de entre quinientos a seiscientos hombres cada una, que asaltarían las columnas de la izquierda la puerta de Sancho, el castillo de la Aljafería y el cuartel de caballería (hoy desaparecido y localizado entre el paseo María Agustín y la plaza de toros, donde todavía quedan restos de su muralla),mientras que las otras tres columnas de la derecha asaltarían la puerta del Carmen, la de Santa Engracia y el monasterio de San José.
El asalto de las columnas francesas de la izquierda comenzó todavía de noche, pero fracasaron en su asalto a la puerta de Sancho, defendida por los escopeteros y voluntarios de Mariano Renovales, al igual que fracasaron frente a las murallas de la Aljafería, tenázmente defendida por las tropas regulares y los paisanos al mando de Cerezo; lo mismo ocurrió en el asalto al cuartel de caballería y la Misericordia, siendo frenados los franceses por los hombres de la parroquia de San Pablo, al mando de Sas.


La figura de Agustina de Aragón como defensora de la batería de artillería situada en la Puerta del Portillo durante la acción del día dos de julio de 1808, le valió la inmortalidad y ser reproducida en infinidad de grabados y dibujos, sin olvidarnos de coplas y otras canciones. La acción la llevó a efecto cuando, al llevar abastecimientos a los defensores, los asistentes de una batería de artillería estaban muertos o heridos, entonces Agustina tomó un botafuego en un momento decisivo de la batalla, disparando un cañón justo cuando los franceses asaltaban la muralla de la batería, su actuación fue tan aplastante, que produjo en los que penetraban por la brecha una gran mortandad y los obligó a retroceder, dando así tiempo a que se reforzase la posición y pudiese ser contenido el avance enemigo y evitar que las tropas francesas entrasen en la ciudad por dicha zona.
La actuación de Agustina de Aragón quedó descrita, aunque ya algo deformada o manipulada, en un Memorial que tiempo después, hallándose en Sevilla, el 12 de agosto de 1810, dirigió al Rey, y que dice así:
“… atacada con la mayor furia, pónese entre los Artilleros, los socorre, los ayuda y dice: ¡Animo Artilleros, que aquí hay mugeres cuando no podáis más!. No había pasado mucho rato quando cae de un balazo en el pecho el Cabo que mandaba a falta de otro Xefe, el qual se retiró por Muerto; y caen también de una granada, y abrasados de los cartuchos que voló casi todos los Artilleros, quedando por esta desgracia inutilizada la batería y espuesta a ser asaltada: con efecto, ya se acercaba una columna enemiga quando tomando la Exponente un botafuego pasa por entre muertos y heridos, descarga un cañón de a 24 con bala y metralla, aprovechada de tal suerte, que levantándose los pocos Artilleros de la sorpresa en que yacían a la vista de tan repentino azar, sostiene con ellos el fuego hasta que llega un refuerzo de otra batería, y obligan al enemigo a una vergonzosa y precipitada retirada. En este día de gloria mediante el parte del Comandante de la batería el Coronel que era de Granaderos de Palafox, la condecora el General con el título de Artillera y sueldo de seis reales diarios…”.
Enterado el general Palafox de las acciones realizadas en la batería del Portillo, acercándose a la zona de combate, mandó a llamar a la joven, que, según dicen los informes de la época, resultó ser la esposa de Juan Roca Vilaseca, a la sazón Sargento Segundo del Cuerpo de Artillería, y en aquel momento participando en las acciones que se realizaban en las localidades de María y Belchite (aunque, como se ha dicho, otros estudios dicen que se le daba por muerto). El general Palafox, sobre el campo de batalla, le felicitó y concedió el distintivo de subteniente, con el uso de dos escudos de distinción con el lema cada uno de ellos de “DEFENSORA DE ZARAGOZA” y el otro “RECOMPENSA DEL VALOR Y PATRIOTISMO”.
El parte que sobre el heroico suceso emitió el general Palafox, realmente constituye la primer idealización que sobre Agustina se realizó. En dicho parte, Palafox dice que la joven “…enlazada con conesiones con un Sargento de Artillería, con quien estaba concertado su matrimonio; servía éste bizarramente aquel cañón de a 24, y a la sazón una bala enemiga lo acierta y lo tiende en el suelo; llegaba la Agustina a traerle el refresco y no se le permitió la entrada,contentándose en contemplar a su amante desde la gola de la batería, verle caer y presentarse ella en el mismo sitio fue obra de un momento, arranca del cadáver el botafuego que tenía aún en la mano, llena de heroico entusiasmo dice: AQUÍ ESTOY YO PARA VENGARTE, agita el botafuego y lo aplica al cañón declarando que no se separaría del lado de su amado hasta perder ella también la vida…”.
En la citada versión del general Palafox, se da a entender que todavía no estaba casada, y que su novio, artillero, murió defendiendo la puerta del Portillo durante el citado asalto francés, en clara contradicción con otros escritos, y que quizás han sido la base de las diversas versiones que se han escrito sobre su vida. Agustina permanece en la ciudad durante el segundo Sitio. Las luchas se van generalizando de nuevo, Agustina como siempre participa en la defensa, especialmente el día 31. Ese día el propio Palafox le “…dio la cinta de honor que usa, cuyo documento perdió siendo prisionera…”.
Por efecto de la peste que asolaba la ciudad, Agustina se hallaba postrada en una cama, dentro del convento de San Agustín, donde se entera de la rendición de la ciudad ante los franceses, las crónicas dicen que “…la llevaron con otros muchos a Casablanca. Estiéndese la voz entre los Comandantes franceses que la Artillera Zaragoza estaba prisionera y se le presentan dos, cuya maldita lengua no entendió, y se dexa comprender por la caridad que después dispensaron. Esta no fue otra que hacerla andar, sin consideración a su enfermedad, con todos los demás Prisioneros y su hijo, hasta que apiadado uno de éstos, el Ayudante de Artillería D. Pedro de Bustamante, le cedió uno de los dos machos que llevaba, donde fue con su criatura hasta que en Caparroso le robaron el macho, ropa y dinero que llevaba… Llegada a Olvega perdió a su hijo a la fuerza del contagio, fatiga del camino y falta de recursos para asistencia”, aunque logró escaparse de sus captores.
Hallándose repuesta de sus fatigas, solicita al Rey la ayuda necesaria para dirigirse al lugar donde su marido se halla de guarnición. Con fecha 30 de agosto de 1809, el Rey le concede el haber mensual y sueldo de Alférez de Infantería que disfrutó hasta su fallecimiento. A lo largo de la guerra estuvo presente en el asedio a Teruel, donde recibe invitaciones de los generales Blake y el marqués de Lazán, para que vaya a Sevilla y Cádiz, donde se le esperaba para agasajarla. Hacia allí se dirige y llegada a su destino, son innumerables los homenajes que se le dispensan. Participa con su marido (nos referimos a su primer marido, aunque según las fuentes que se utilicen es el segundo) en los combates por la posesión de Tortosa, donde nuevamente fue echa prisionera, en esta ocasión junto a su marido, volviendo a escaparse, e incorporándose a la guerrilla que mandaba Francisco Abad “Chaleco”, actuando por la zona de La Mancha, pasando con posterioridad a incorporarse al Cuerpo que mandaba Morillo y debiendo de participa en la batalla de Vitoria.
Cuando llega el final de la lucha, el mes de agosto de 1814 Agustina se encuentra en Zaragoza de nuevo y recibe un escrito del general Palafox, en el cual le comunica que el rey “…ha mostrado deseos de conocerla y, por tanto, esta Vm. Precisada de complacer a Nuestro Monarca pasando a la Corte…”. El día 25 de agosto fue recibida por Fernando VII, quien le concedió una pensión vitalicia mensual y el sueldo de Alférez de Infantería que disfrutó hasta su fallecimiento.
Su marido, en diciembre de 1816, ejercía como Subteniente del Primer Batallón de Tren, del Real Cuerpo de Artillería, volviendo a Zaragoza, de donde pasa a Barcelona, donde quedó destinado momentáneamente. En este tiempo nació su segundo hijo, de nombre Juan, el cual nació algo débil y decidieron buscar un nuevo lugar que tuviera un clima que sentase mejor al niño. Buscando el beneficioso clima de Castilla, Roca logra el traslado a la plaza de Segovia, cuna de la Artillería española, a donde llegan en la primavera de 1817.
Todavía estarán dos años más en aquel destino, llegará el cambio con el ascenso a Teniente de Artillería, con fecha 26 de septiembre de 1819, siendo destinado a Valencia; tres años más tarde pedirá el retiro por enfermedad con fecha 12 de mayo de 1822, con residencia en Barcelona. Allí retornan, pero el clima sienta mal al teniente Roca, siendo víctima de la tisis. En aquellos momentos Agustina deberá de hacer llegar a los estamentos superiores la grave situación familiar. Sus requerimientos surten efecto, y prueba de ello es la Real Orden de 16 de enero de 1823, en la que por sus excepcionales méritos se accede a lo solicitado. Sin embargo, su marido fallece en Hospital Militar del Seminario, de la ciudad de Barcelona, el 1 de agosto de 1823.
Agustina en el momento de quedar viuda tiene 37 años. Unos meses después, en marzo de 1824, sin solicitar la Real Licencia para contraer matrimonio como era preceptivo, por su condición de Subteniente Vivo de Infantería, contrae segundo matrimonio (o tercero, según las fuentes) con un médico alicantino (otras fuentes dicen que era militar), algo más joven que ella, tenía 26 años, llamado Juan Eugenio Cobos Mesperma (o Mesperuza). En julio de 1825, en Valencia, donde residen, nace su hija Carlota. Tiempo después y debido al Real indulto de 17 de diciembre de 1830, solicita su aplicación por no haber solicitado a su debido tiempo la Real Licencia para contraer nuevo matrimonio.

El nuevo matrimonio pasa a residir en Sevilla, por lo menos hasta el año 1847, en que su hija Carlota, casada con Francisco Atienza y Morillo, oficial 2º del Cuerpo de Administración Militar, fue destinado a Ceuta, acompañando Agustina a su hija Carlota. En Sevilla quedaban su marido y Juan Roca, su segundo hijo, criado con gran cariño por su padrastro y que estudiaría Medicina, ejerciendo siempre en su ciudad de residencia. Agustina falleció en Ceuta a la edad de 71 años, el 29 de mayo de 1857, siendo enterrada en el cementerio de Santa Catalina, departamento de San Cayetano, nicho número 1, su inscripción en el libro de Difuntos, dice:
“Certifico: Que en el libro Séptimo de defunciones al folio treinta y cinco v.º de este Archivo Parroquial de mi cargo, se encuentra la siguiente partida: En la fidelisima ciudad y plaza de Ceuta, el día veinte y nueve de mayo del año mil ochocientos cincuenta y siete, murió de una afección pulmonar, en la casa de su morada y Comunión de Nuestra Santa Madre Iglesia, de edad setenta y un años, Doña Agustina Zaragoza Doménech, natural de Barcelona, agraciada por S. M. El Rey Don Fernando (Q.E.P.D) con el carácter y prerrogativas de Oficial del Ejército Vivo y Efectivo, condecorada con varias cruces de distinción por hechos heroicos de guerra en la célebre de Independencia, hija legítima de Don Pedro Zaragoza y Doña Raimunda Doménech, naturales de Juneda, en la provincia de Lérida. Fue viuda de Don Juan Roca Vilaseca, de cuyo matrimonio deja un hijo, y siendo casada en segundas nupcias con Don Juan Cobo Belchite y Reperma, natural de Almería, de cuyo matrimonio ha dejado una hija. Recibió los Santos Sacramentos de la Penitencia, sagrado Viático y extremaunción. Hizo testamento. Su cadáver fue sepultado hoy, día siguiente al expresado de su muerte, en el Cementerio General de Santa Catalina, extramuros de esta ciudad”.
Una lápida en letras de bronce recordaba su figura, en la que se leía:
"A la memoria de doña AGUSTINA ZARAGOZA.
Aquí yacen los restos de la ilustre Heroína, cuyos hechos de valor y virtud en la Guerra de la Independencia llenaron al mundo de admiración. Su vida, tipo de moral cristiana, terminó en Ceuta en 29 de mayo de 1857 a los setenta yun años de edad: su esposo Don Juan Cobos, su hija doña Carlota e hijo político don Francisco Atienza, dedican este recuerdo a los restos queridos".
El Ayuntamiento de Zaragoza, al tener conocimiento de su muerte, le concedió su nombre a una calle y decidió trasladar sus restos a la ciudad aprobándolo en sesión de 14 de julio de 1857. El traslado se efectuó veintitrés años más tarde, el 14 de julio de 1870, siendo sus restos trasladados a la cripta de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Durante la celebración del I Centenario de los Sitios en 1908, sus restos fueron de nuevo trasladados al panteón de las Heroínas de la iglesia del Portillo, donde reposan definitivamente.
Una lápida rememora el traslado de los restos, el 15 de junio de 1909, acto que fue presidido por el rey Alfonso XIII, y que reza así:
"Aquí yacen los restos mortales de AGUSTINA ZARAGOZA, CASTA ALVAREZ y MANUELA SANCHO.
Descansen en paz las heroínas defensoras de Zaragoza. Este monumento les consagra y dedica la Junta del centenario de los Sitios 1808 y 1809.”
Tras el fallecimiento de Agustina, indican otras fuentes que su viudo, Juan Cobos y Mesperuza, recibió, quizás a su solicitud expuesta ante el pretendiente Carlos VII, una Real Cédula del siguiente tenor:
“Su Magestad, deseando premiar los constantes servicios prestados en beneficio de Mi Patria y en favor de Mi Dinastía durante prolongados años por don Juan Cobos y Mesperuza, viudo de la invicta heroína de la Guerra de la Independencia, Agustina Zaragoza. Vengo en concederle para sí y sus descendientes legítimos, el Título de Barón de Cobos de Belchite.
Mi Secretario de Estado tomará nota de ésta Mi Real Resolución.
Dado en Mi Cuartel Real de Tolosa, a 5 de febrero de 1876.
Yo el Rey.”
En la ciudad de Zaragoza un monumento obra de Mariano Benlliure recuerda la figura de Agustina Zaragoza y otras heroínas de los Sitios, levantado con motivo del I Centenario de los Sitios en 1908, se inauguró el 29 de octubre contando otra vez con la presencia de los reyes de España, y se ubica en la plaza del Portillo, frente a la portada de la iglesia homónima y donde se construyó el panteón de algunas de las heroínas de los sitios y cerca del lugar donde Agustina pasó a la historia.

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